La reciente emisión del Decreto 309-26, mediante el cual el Poder Ejecutivo crea la Comisión Ejecutiva para la Transformación Educativa, vuelve a colocar la educación en el centro del debate nacional. El documento plantea objetivos importantes: articulación entre niveles educativos, fortalecimiento del aseguramiento de la calidad, integración con ciencia y tecnología, desarrollo del Marco Nacional de Cualificaciones y la construcción de un Sistema Educativo Nacional Integral. Sobre el papel, muchas de estas ideas son correctas. De hecho, reflejan problemas reales que el país arrastra desde hace décadas. Sin embargo, el verdadero debate no debería centrarse únicamente en la creación de una nueva comisión. La pregunta de fondo es otra: ¿Tiene República Dominicana un problema de falta de diagnósticos… o un problema de continuidad y ejecución? El ciclo permanente de las reformas Desde el año 2020, el sistema educativo dominicano ha vivido una dinámica constante de anuncios, reformas, me...
Por Felipe Ventura En el debate público dominicano, es cada vez más frecuente observar cómo ciertas figuras son presentadas bajo etiquetas que buscan reforzar su legitimidad: “maestro”, “dirigente magisterial”, “referente educativo”. Estas narrativas, repetidas en espacios mediáticos y discursos institucionales, terminan construyendo una imagen que pocas veces es contrastada con el análisis de su trayectoria real. Y ahí es donde surge una pregunta necesaria. ¿Estamos evaluando el liderazgo educativo por su experiencia técnica… o por su narrativa pública? Trayectoria y narrativa: dos planos distintos En el caso de figuras vinculadas históricamente al ámbito educativo, es común encontrar trayectorias que combinan docencia, activismo gremial y participación política. Sin embargo, no todas estas dimensiones tienen el mismo peso cuando se trata de liderar sistemas educativos complejos. Ejercer como docente en una etapa determinada —como ha ocurrido con diversos actores del sistema— const...