Por:
Felipe Ventura
El
sentido de lo que hacemos
En
mis 25 años recorriendo las aulas y talleres de la Formación
Técnico-Profesional (FTP), he aprendido que el éxito no se mide en títulos
colgados, sino en significado. Nada supera ese momento en que un
estudiante descubre que lo aprendido no es teoría muerta, sino una herramienta
de liberación. Cuando el aprendizaje trasciende la clase y se convierte en un
empleo digno o en un emprendimiento propio, estamos ante el verdadero milagro
de la educación: la movilidad social.
Sin
embargo, para que ese milagro ocurra de forma masiva y no aislada, el sistema
debe funcionar con la precisión de un reloj suizo. Y hoy, ese reloj necesita un
ajuste de piezas.
La
crisis de identidad: ¿Formar para el mercado o para la tendencia?
Históricamente,
el INFOTEP ha sido el pilar de nuestra formación técnica. Su
legado es innegable. Pero hoy observo con preocupación un giro arriesgado: la
tentación de "adivinar" el futuro del trabajo en lugar de interpretar
las necesidades presentes del sector productivo.
Las
instituciones de formación no son laboratorios de futurología; deben ser el
respaldo natural de la empresa y el trabajador. Cuando el Estado o las
tendencias pasajeras interfieren demasiado, se pierde la organicidad. La FTP
debe nacer del pulso real de la calle, del taller, de la zona franca y de la
industria tecnológica, no de visiones de escritorio que a veces parecen
responder más a caprichos que a realidades.
El
ecosistema en riesgo: Politécnicos y realidad laboral
Debemos
ser honestos: el modelo de los politécnicos en la República Dominicana ha ido
perdiendo su razón de ser. En lugar de ser puentes ágiles hacia el empleo,
muchos han quedado atrapados en una estructura que no logra conectar con el
ecosistema formativo moderno.
Si
queremos que la FTP sea el motor de nuestra economía, necesitamos:
- Menos
"adivinación" y más escucha: Sintonizar
la oferta formativa con la demanda real de los sectores productivos.
- Autonomía y
cercanía: Permitir que las
escuelas técnicas respiren y se adapten a su entorno local sin excesivas
trabas burocráticas.
- Revalorización del
técnico: Que el joven
dominicano vea en la formación técnica no un "plan B", sino una
vía rápida y digna hacia la prosperidad.
Valió
la pena
Al
final del día, mi compromiso sigue siendo con ese estudiante que busca que su esfuerzo valga
la pena. La educación técnica es la distancia más corta entre la pobreza y
la clase media, pero solo si tenemos la madurez política y técnica de
devolverle su sentido original: formar para el trabajo real.
¿Qué
opinas tú?
He
visto de cerca cómo la FTP cambia destinos, pero también veo con preocupación
cómo se aleja de su misión original. ¿Crees que nuestras instituciones están
formando para los empleos que existen hoy o se han perdido en la teoría?
Te invito a dejar tu comentario abajo. Sigamos construyendo una visión educativa que realmente le dé sentido al esfuerzo de cada dominicano. ¡Suscríbete para recibir mis próximos análisis sobre gestión y política educativa!



