Por Felipe Ventura En el debate público dominicano, es cada vez más frecuente observar cómo ciertas figuras son presentadas bajo etiquetas que buscan reforzar su legitimidad: “maestro”, “dirigente magisterial”, “referente educativo”. Estas narrativas, repetidas en espacios mediáticos y discursos institucionales, terminan construyendo una imagen que pocas veces es contrastada con el análisis de su trayectoria real. Y ahí es donde surge una pregunta necesaria. ¿Estamos evaluando el liderazgo educativo por su experiencia técnica… o por su narrativa pública? Trayectoria y narrativa: dos planos distintos En el caso de figuras vinculadas históricamente al ámbito educativo, es común encontrar trayectorias que combinan docencia, activismo gremial y participación política. Sin embargo, no todas estas dimensiones tienen el mismo peso cuando se trata de liderar sistemas educativos complejos. Ejercer como docente en una etapa determinada —como ha ocurrido con diversos actores del sistema— const...
Durante años, la diáspora dominicana ha sido reconocida —con razón— como uno de los pilares de nuestra economía. Las remesas sostienen hogares, dinamizan el consumo y aportan una estabilidad que muchos sectores internos no logran garantizar. Pero hay una pregunta que como país aún no nos hemos hecho con suficiente seriedad: 👉 ¿Estamos aprovechando a nuestra diáspora como capital humano… o solo como fuente de divisas? El error de mirar solo el dinero Reducir la diáspora a remesas es una visión limitada. Cada dominicano en el exterior representa: Experiencia laboral internacional Conocimiento técnico Capacidad productiva Redes de contacto global 👉 Es decir: capital humano de alto valor estratégico. Sin embargo, nuestras políticas públicas aún no han dado el salto necesario para convertir ese potencial en desarrollo estructural. Lo que están haciendo otros países (y nosotros no) Mientras República Dominicana mantiene una relación principalmente económica con su diáspora, otros paíse...