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Servicio militar en las escuelas: una tradición que merece ser repensada

En nuestro país persiste una práctica que genera divisiones: la inclusión del servicio militar o instrucción premilitar dentro del horario escolar. Más allá de las buenas intenciones que algunos le atribuyen, considero necesario analizar con honestidad si esta actividad realmente contribuye a la formación de nuestros jóvenes o si responde más a una lógica de control y tradición que a una necesidad educativa real.


Observando experiencias de otros países, resulta evidente que lo que se realiza en muchas escuelas dominicanas difícilmente puede catalogarse como un verdadero servicio militar formativo. Consiste, en gran medida, en marchas, formación básica y repetición de consignas. Actividades que, si bien pueden tener un valor simbólico o disciplinario para algunos, no resuelven los problemas estructurales que enfrenta nuestra educación ni preparan a los jóvenes para los desafíos reales del siglo XXI.


Lo más preocupante es el uso del tiempo. Nuestros estudiantes destinan alrededor de 60 horas anuales a estas actividades. Sesenta horas que podrían emplearse de manera mucho más productiva. En lugar de continuar con una práctica que obedece más a la costumbre y al deseo de mantener cierto orden visible, podríamos redirigir ese tiempo hacia actividades de alto valor formativo.


Imaginemos, por ejemplo, que esas mismas 60 horas se utilizaran para clases reforzadas y profundas de Matemática, Lengua Española, Oratoria, Ciencias, Primeros Auxilios, Natación o incluso habilidades prácticas como Cocina o Gestión Básica de Finanzas. La gran ventaja de estos espacios sería que se desarrollarían sin la presión del examen ni del cronograma rígido. Los estudiantes podrían aprender con mayor tranquilidad, experimentar, equivocarse, preguntar y profundizar sin el temor constante de ser evaluados. Ese tipo de aprendizaje suele ser mucho más significativo y duradero.


Es comprensible que algunos padres celebren que “alguien ponga orden” donde ellos sienten que no pueden. Sin embargo, delegar la autoridad y la formación del carácter a una dinámica militar no resuelve el problema de fondo: la necesidad de construir una educación que forme integralmente a los jóvenes.


No se trata de rechazar toda forma de disciplina o de actividad física. Se trata de priorizar el tiempo escolar en aquello que realmente eleve las competencias cognitivas, emocionales y prácticas de nuestros estudiantes.


La educación dominicana necesita urgentemente repensar cómo utiliza cada hora del calendario escolar. Si queremos una juventud mejor preparada, más crítica, creativa y responsable, debemos ser valientes para reemplazar tradiciones que ya cumplieron su ciclo por experiencias formativas que respondan a las verdaderas necesidades del presente y del futuro.


¿Qué opinas tú? ¿Crees que las 60 horas destinadas al servicio militar en las escuelas podrían usarse de mejor manera? ¿O consideras que esta práctica sigue siendo necesaria?

Te leo en los comentarios.


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