Después de leer los artículos anteriores de esta serie, alguien podría concluir que debemos elegir entre Vygotsky y la educación basada en competencias.
Como si ambas perspectivas fueran incompatibles.
Como si recuperar a Vygotsky implicara abandonar las competencias.
Como si una representara el pasado y la otra el futuro.
No comparto esa visión.
Pero tampoco creo que todas las áreas del conocimiento deban ser comprendidas exclusivamente desde el paradigma de las competencias.
Y quizás ahí se encuentra una discusión que la educación contemporánea necesita afrontar con mayor honestidad.
Las competencias resolvieron un problema real
La educación basada en competencias no surgió por casualidad.
Apareció para responder a necesidades concretas de una sociedad que exigía personas capaces de hacer algo con lo que sabían.
La pregunta dejó de ser únicamente:
¿Qué sabe una persona?
Para transformarse en:
¿Qué es capaz de hacer con aquello que sabe?
Este cambio fue particularmente valioso en la formación técnica y profesional.
En estos contextos, las competencias ofrecen una extraordinaria herramienta para organizar la enseñanza, definir estándares y evaluar desempeños.
Un electricista puede demostrar que sabe instalar un interruptor respetando normas de seguridad y códigos establecidos.
Un técnico en refrigeración puede diagnosticar una avería.
Un soldador puede realizar una unión conforme a determinados estándares.
Un operador de maquinaria puede demostrar competencias específicas para realizar una tarea.
En todos estos casos, el desempeño observable constituye una parte esencial del aprendizaje.
Y precisamente por eso la formación basada en competencias encuentra aquí su mayor fortaleza.
La gran paradoja
Sin embargo, el éxito alcanzado por este modelo produjo una consecuencia inesperada.
La lógica de las competencias comenzó a extenderse progresivamente hacia todos los ámbitos del conocimiento.
Y quizás ahí comenzaron algunas dificultades.
Porque no todos los aprendizajes poseen la misma naturaleza.
No todo conocimiento madura de la misma forma.
No todo desarrollo intelectual puede reducirse a desempeños observables.
Y probablemente no todas las disciplinas deban organizarse bajo un único paradigma pedagógico.
Matemáticas, historia y lengua: otra naturaleza del aprendizaje
Cuando hablamos de matemáticas, lengua española, historia, filosofía o ciencias, el problema ya no consiste únicamente en ejecutar correctamente una tarea.
Aquí entran en juego procesos intelectuales mucho más complejos.
Comprender una demostración matemática.
Interpretar un texto literario.
Construir pensamiento histórico.
Desarrollar razonamiento científico.
Todo esto exige estructuras cognitivas que evolucionan con la edad, la experiencia, el lenguaje y la interacción social.
Son procesos que acompañan la maduración intelectual del individuo.
No basta con observar un desempeño puntual.
La comprensión profunda se construye progresivamente.
Y aquí las contribuciones de Piaget, Vygotsky y Bloom parecen ofrecer herramientas mucho más poderosas para comprender cómo se desarrolla el aprendizaje.
No porque las competencias sean inútiles.
Sino porque el desarrollo intelectual humano es más complejo que una simple lista de desempeños.
Las competencias no nacen en el vacío
Paradójicamente, muchas de las competencias que hoy se consideran esenciales para el siglo XXI son profundamente vygotskianas.
La comunicación.
La colaboración.
El pensamiento crítico.
La resolución de problemas.
La creatividad.
El aprendizaje permanente.
Todas ellas dependen de procesos sociales, culturales y lingüísticos estudiados por Vygotsky hace más de cien años.
La paradoja es evidente.
Queremos pensamiento crítico, pero olvidamos el diálogo.
Queremos autonomía, pero olvidamos el acompañamiento.
Queremos colaboración, pero seguimos evaluando individualmente.
Queremos competencias complejas, pero prestamos poca atención a los procesos que las hacen posibles.
Queremos los frutos.
Pero a veces olvidamos las raíces.
El problema no son las competencias
No creo que las competencias sean el problema.
Tampoco pienso que debamos regresar a modelos memorísticos o abandonar los avances logrados durante las últimas décadas.
El problema aparece cuando intentamos convertir una herramienta extraordinariamente eficaz para la formación técnica y profesional en una teoría general del aprendizaje humano.
La formación técnica necesita competencias.
Pero el desarrollo intelectual de una persona exige algo más.
Exige mediación.
Exige andamiaje.
Exige interacción.
Exige lenguaje.
Exige cultura.
Exige tiempo.
Exige maduración.
Y ahí es donde Vygotsky, Piaget y Bloom siguen teniendo mucho que enseñarnos.
Hacia una pedagogía con múltiples lenguajes
Quizás uno de los mayores errores de las últimas décadas ha sido intentar que toda la educación hable un único idioma.
Pero la educación humana es demasiado compleja para reducirla a un solo lenguaje.
La formación técnica y profesional encuentra en las competencias una herramienta extraordinaria.
Las matemáticas, las ciencias, la lengua y las humanidades requieren además comprender procesos de desarrollo intelectual progresivo.
No todas las áreas del conocimiento evolucionan de la misma manera.
Y probablemente tampoco deban organizarse exactamente bajo el mismo paradigma.
Reflexión final
No necesitamos menos competencias.
Pero tampoco necesitamos convertirlas en una explicación universal de todos los aprendizajes.
Las competencias responden muy bien a una pregunta:
¿Qué es capaz de hacer una persona?
Vygotsky, Piaget y Bloom responden a otra pregunta igualmente importante:
¿Cómo llega una persona a desarrollar esa capacidad?
Quizás el desafío educativo del siglo XXI no consista en elegir entre competencias y teoría sociocultural.
Tal vez consista en reconocer que ambas tienen ámbitos donde son especialmente valiosas.
Y quizás haya llegado el momento de abrir un debate que durante mucho tiempo hemos dado por cerrado:
¿Son todas las áreas del conocimiento igualmente competenciales?
Tengo la impresión de que la respuesta es no.
Y precisamente por eso vale la pena volver a conversar sobre ello.
Serie: Repensando a Vygotsky en el siglo XXI
✅ Vygotsky pudo desaparecer de la historia: la censura que casi silenció una revolución educativa
✅ Lo que la educación del siglo XXI olvidó de Vygotsky
✅ Vygotsky y Piaget: dos formas distintas de entender el aprendizaje
✅ El punto de ruptura: cuando los resultados desplazaron los procesos
✅ ¿Por qué Vygotsky fue desplazado por la educación basada en competencias?
✅ Cómo surgió la educación basada en competencias✅ Competencias y Vygotsky: una reconcialiacion con límites
⬜ Lo que Vygotsky habría cuestionado de la educación actual.
⬜ La inteligencia artificial y el regreso inesperado de Vygotsky.
⬜ ¿Qué habría dicho Vygotsky sobre la inteligencia artificial, el aprendizaje personalizado y la educación digital?
⬜ No necesitamos menos competencias, necesitamos más Vygotsky.

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