Crisis del petróleo en RD: ¿Por qué el pueblo siempre paga los errores de planificación?

Tras décadas inmerso en la realidad dominicana —donde he visto pasar gobiernos que prometen cambio y terminan repitiendo viejos vicios—, me pregunto una vez más: ¿cuándo dejaremos de cargar los errores de planificación sobre los hombros del pueblo?


El mensaje del presidente Abinader del 22 de marzo, alertando sobre presiones en tarifas eléctricas, transporte y alimentos por el conflicto en Irán y el alza del petróleo, es realista en su diagnóstico externo: RD es 100% importadora de combustibles, vulnerable a shocks globales como el bloqueo del Estrecho de Ormuz y precios disparados (de ~65 USD presupuestados a más de 100 USD por barril). Nadie puede negar que esto genera un costo fiscal enorme, con subsidios que ya suman miles de millones y que el Gobierno asume en gran parte.


Pero el problema no es solo el choque de hoy; es el patrón histórico. Este gobierno se presentó como la alternativa a la corrupción y la improvisación, como un modelo de planificación eficiente. Sin embargo, hemos visto miles de millones evaporados en publicidad estatal masiva, subsidios mal focalizados a sectores que no despegan (turismo, cine, sindicatos de transportistas protegidos), pensiones solidarias cuestionables, SENASA, vivienda, un censo millonario que no ha servido para nada concreto, desorden presupuestal en educación y obras necesarias que se anuncian pero no terminan. Todo eso en años de “vaca gorda”, cuando el petróleo estuvo en mínimos históricos (2020-2024: precios bajos, incluso negativos en pandemia).


¿Qué se hizo con esa ventana de oportunidad? ¿Por qué no se acumuló un fondo de estabilización energética, galón a galón, como hacen países dependientes de importaciones (Noruega con su fondo soberano, o incluso vecinos como Costa Rica con aceleración renovable)? ¿Por qué no se priorizó inversión agresiva en solar y eólica para reducir la dependencia del crudo importado? En cambio, se mantuvo el subsidio reactivo, se protegió a sectores privilegiados y se gastó en lo visible y efímero.


Ahora llega la “vaca flaca”: ajustes inevitables que, aunque el Gobierno diga que asume la mayor parte, terminan trasladándose al bolsillo popular. Pasajes más caros para motoconchistas y usuarios de transporte público, tarifas eléctricas que suben en hogares humildes, alimentos que encarecen por fertilizantes y traslados. La sugerencia de trabajo remoto para “optimizar combustible” suena moderna, pero es elitista: ¿cómo la aplica el obrero de construcción, la vendedora ambulante o el maestro rural? La brecha digital y la informalidad (~50-60% de la economía) hacen que sea una medida cosmética para unos pocos.


La coaba, como siempre, cae sobre los más pobres: los que ya luchan por llegar a fin de mes, los que ven cómo cada alza erosiona su poder adquisitivo, los que pagan la cuenta de errores de planificación que no fueron suyos. Cada vez que el sector político comete un fallo —o desperdicia recursos en lo no esencial—, es el pueblo el que ajusta.


Desde mi punto de vista, la verdadera respuesta no es pedir más “responsabilidad compartida” en comunicados; es actuar con planificación real:


  • Focalizar subsidios estrictamente en los vulnerables (GLP y hogares de bajos ingresos, sin proteger ineficiencias).

  • Cortar protecciones a sectores que no generan retorno social.

  • Acelerar soberanía energética: inversión masiva en renovables (aprovechando que ya hemos cuadruplicado capacidad solar/eólica desde 2020, pero aún insuficiente), eficiencia energética y, sobre todo, crear un fondo de estabilización petrolera con lo que se ahorró en años buenos.

  • Dejar de improvisar y empezar a resolver de fondo, sin excusas externas.

La educación, la salud, la movilidad social y la infancia merecen recursos bien usados, no ajustes reactivos que castigan al que menos tiene. El país tiene reservas, liquidez y acceso a financiamiento; lo que falta es voluntad para romper la dependencia crónica y priorizar al pueblo sobre lo cosmético.


¿Qué piensas tú, lector? ¿Has sentido el impacto de estos ajustes en tu bolsillo o familia? ¿Crees que pudimos haber hecho más en tiempos de precios bajos? Comenta abajo; el debate nos ayuda a exigir mejor.

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