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Compras en consorcio: La lección que los buhoneros nos dan y que los grandes importadores aún no aprenden



Cada vez que suben los precios internacionales del petróleo o los fertilizantes, en República Dominicana volvemos al mismo debate: ¿cómo evitar que el costo de la comida siga aumentando?

Recientemente, Juan Ariel Jiménez ha planteado una propuesta interesante: la compra consolidada de fertilizantes y cereales para reducir costos.

La idea es correcta.

Pero también plantea una pregunta incómoda que como país hemos evitado durante años:

👉 ¿Por qué algo tan básico aún no se está haciendo de forma efectiva?

Sin embargo, hay una realidad que merece destacarse: esta idea no es nueva ni revolucionaria. Los buhoneros de la Avenida Duarte y de muchos mercados populares la vienen aplicando desde hace décadas. Se organizan, juntan su capital y compran al por mayor para obtener mejores precios. Es una práctica vieja, sencilla y efectiva.

Entonces surge una pregunta incómoda:
Si un grupo de vendedores informales, considerados de menor escala, han sido capaces de organizarse en consorcio para bajar sus costos, ¿por qué los grandes importadores de fertilizantes y cereales —empresas con mucho más poder económico y estructura— no han implementado un sistema similar de forma masiva?


Posibles respuestas:

1- Falta de confianza entre competidores.
2- Intereses cruzados con cadenas de supermercados.
3- Temor a que la Ley de Competencia (42-08) interprete estos acuerdos como prácticas restrictivas.
4- Simple conformismo: mientras los márgenes individuales sean aceptables, no sienten la urgencia de cambiar.

Lo cierto es que la compra fragmentada reduce el poder de negociación del país y encarece innecesariamente los insumos. Si los buhoneros lo hacen con éxito a pequeña escala, los grandes importadores deberían poder hacerlo a gran escala, con mucho mayor impacto.

Recomendaciones concretas para avanzar:

1- El Estado como facilitador, no como sustituto
El gobierno debe convocar urgentemente a los principales importadores de fertilizantes y cereales para formar un consorcio público-privado de compras. Su rol no sería importar directamente, sino coordinar volúmenes, negociar en bloque (incluyendo acuerdos gobierno a gobierno) y garantizar transparencia.

2- Transparencia total y rendición de cuentas
Todo acuerdo debe publicarse: precios de compra, volúmenes, condiciones y el porcentaje de ahorro que se traslada al productor y al consumidor final. Sin transparencia, el riesgo de filtración del beneficio es alto.

3- Medida temporal de alivio
Mientras se organiza el consorcio, el Estado podría asumir temporalmente (por 3-6 meses) una parte del aumento en fertilizantes y diésel agrícola mediante reembolsos directos a productores y transportistas registrados. Esto daría oxígeno inmediato, pero debe ir acompañado de un plan claro de salida y compromiso de los importadores de bajar precios.

4- Incentivos y sanciones
Quienes participen activamente en el consorcio podrían recibir facilidades aduaneras o financieras. Quienes se nieguen sistemáticamente a cooperar deberían enfrentar mayor escrutinio regulatorio.

La lección de los buhoneros es humilde pero poderosa: la unión en las compras genera ahorro real. Si un sector informal lo ha logrado durante décadas, los grandes jugadores del mercado tienen la obligación moral y económica de hacerlo mejor.

No se trata de estatizar las importaciones, sino de coordinar inteligentemente el poder de compra del país. En momentos de crisis externa, la respuesta interna debe ser mayor colaboración entre Estado y sector privado, con transparencia y sentido de nación.

La comida no puede seguir siendo rehén de la fragmentación y los intereses particulares. Es hora de pasar de la competencia individual a la cooperación estratégica.


¿Qué opinan? ¿Creen que los grandes importadores estarían dispuestos a formar un consorcio real o seguiremos dependiendo de compras fragmentadas?

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