¿Universidades salvadoras o parte del problema? El mito de la "excelencia" superior en la cadena rota de la educación dominicana.
Después de más de 25 años facilitando aprendizajes en aulas dominicanas, he visto pasar "revoluciones educativas" como modas pasajeras. Hoy, el Mescyt presenta una propuesta de transformación del sistema, con rectores de IES respaldándola en fotos oficiales. Suena bonito: articulación desde preescolar hasta doctorado, competencias clave como comprensión lectora y pensamiento crítico, visión para duplicar la economía al 2036. Pero, ¿es real o más retórica?
Los datos internacionales no mienten. En PISA 2022 (últimos disponibles), nuestros estudiantes de 15 años obtuvieron alrededor de 339 en Matemáticas, 351 en Lectura y 360 en Ciencias: rezago de 4-5 años respecto a promedios OCDE, fondo de la tabla latinoamericana. ¿Y las universidades? En QS Latin America & Caribbean 2026, PUCMM lidera en rango 151-160, INTEC 191-200, UNIBE y UNPHU 201-250, UASD 351-400 y el resto peor. Ninguna entra consistentemente en tops globales. El paralelismo es claro: el sistema educativo dominicano es un continuum de baja calidad, no un "preuniversitario malo y superior excelente".
Las IES se venden como la excepción, pero son parte del problema. Muchas viven de matrícula masiva con baja exigencia, títulos devaluados y empleabilidad real cuestionable en varias carreras. ¿Cómo pueden "salvar" al preuniversitario si no enfrentan primero sus debilidades internas: poca investigación (Fondocyt subutilizado), fuga de talento, desigualdad entre privadas elitistas y UASD subfinanciada?
Una integración genuina podría ayudar, pero no como excusa para drenar recursos. Las universidades podrían aportar:
Capacitación docente real en didáctica profunda (no cursos cortos).
Articulación curricular con FTP para que sea vía de movilidad social, no "plan B".
Investigación aplicada a fallas como la comprensión lectora en aulas saturadas.
Tutorías inversas: universitarios apoyando escuelas vulnerables.
Pero sin autocrítica previa, esto será cosmético. La verdadera transformación empieza por paciencia pedagógica: reducir ratios, invertir en docentes, preservar lo humano sobre lo económico. No necesitamos más podios ni promesas de PIB; necesitamos aulas donde el aprendizaje tenga tiempo de madurar.
Como facilitador, invito a rectores y autoridades: arreglen su casa primero. Demuestren rigor académico interno antes de "articular" todo. Solo así la educación dominicana dejará de ser cadena rota y se convertirá en escalera de ascenso real para todos.
¿Qué opinas, lector? ¿Has visto cambios reales en tus aulas o universidad? Comenta abajo.
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