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No hay nada más práctico que una buena teoría

Reflexión educativa inspirada en Kurt Lewin sobre la relación entre teoría y práctica, destacando que la experiencia docente y el conocimiento pedagógico se enriquecen mutuamente.

Reflexiones sobre la falsa división entre teoría y práctica en educación

Por Felipe Ventura

Existe una frase atribuida al psicólogo social Kurt Lewin que siempre me ha parecido extraordinariamente provocadora:

"No hay nada más práctico que una buena teoría."

A primera vista parece una contradicción.

Después de todo, durante años hemos escuchado que existen dos mundos distintos: el de los teóricos y el de los prácticos. El de quienes escriben libros y el de quienes trabajan en las aulas. El de los investigadores y el de los docentes de terreno.

Sin embargo, Lewin formuló esta idea precisamente para cuestionar esa separación artificial.

Su trabajo estuvo orientado a resolver problemas reales relacionados con el comportamiento humano, el liderazgo, la convivencia social y los procesos de cambio. Frente a quienes defendían una ciencia aislada de la realidad y frente a quienes confiaban exclusivamente en la intuición y la experiencia, Lewin propuso una tercera vía.

La teoría y la práctica no son enemigas.

Son partes de un mismo proceso.

De hecho, su propuesta metodológica, conocida como Investigación-Acción, se apoyaba en un ciclo permanente:

  1. Construir explicaciones teóricas.

  2. Aplicarlas en situaciones reales.

  3. Evaluar los resultados obtenidos.

  4. Ajustar y perfeccionar la teoría.

Para Lewin, una teoría demostraba su valor precisamente cuando era capaz de transformar la realidad.

Y creo que en educación seguimos necesitando recordar esta lección.

La práctica no surge de la nada

Con frecuencia escuchamos a docentes afirmar:

"Yo no soy teórico. Yo hablo desde la práctica."

La afirmación parece razonable.

Sin embargo, contiene una dificultad importante.

La práctica nunca es neutra.

Todo docente, aunque no sea consciente de ello, trabaja desde determinadas concepciones acerca de:

  • Cómo aprenden las personas.

  • Qué significa enseñar.

  • Qué papel debe desempeñar el docente.

  • Qué importancia tiene el conocimiento.

  • Cómo debe evaluarse el aprendizaje.

Es decir, todo docente posee una teoría.

La diferencia es que algunos la conocen y otros no.

Cuando un maestro organiza actividades colaborativas porque considera que los estudiantes aprenden mejor interactuando entre sí, está actuando desde una determinada visión del aprendizaje.

Cuando otro prioriza la repetición sistemática para consolidar habilidades, también está aplicando una teoría.

Cuando alguien insiste en la importancia de la experiencia práctica o de la resolución de problemas, igualmente está actuando desde determinados supuestos pedagógicos.

La teoría está presente, aunque no siempre sea reconocida.

La experiencia también necesita interpretación

Dos docentes pueden observar exactamente la misma situación dentro de un aula y llegar a conclusiones completamente diferentes.

¿Por qué ocurre esto?

Porque la experiencia por sí sola no habla.

Necesita ser interpretada.

Y esa interpretación se realiza mediante marcos conceptuales.

Lo mismo sucede en otros ámbitos.

Un gobernante podría afirmar:

"Yo no creo en teorías económicas. Solo creo en lo práctico."

Pero en el momento en que toma decisiones sobre impuestos, gasto público, regulación o política monetaria, está aplicando alguna concepción económica, aunque desconozca su nombre.

La educación no funciona de manera diferente.

Detrás de cada práctica existe una determinada forma de entender el aprendizaje.

La pedagogía no es una religión

Al llegar a este punto es importante hacer una aclaración.

Reconocer la importancia de la teoría no significa convertirla en un dogma.

Las teorías educativas no funcionan como religiones.

Funcionan como lentes de interpretación.

Un docente puede encontrar aportes valiosos en Lev Vygotsky, Jean Piaget, Benjamin Bloom, John Dewey o Paulo Freire sin necesidad de convertirse en seguidor incondicional de ninguno de ellos.

La pedagogía avanza precisamente gracias a la reflexión, al contraste y a la síntesis.

Los grandes educadores no repiten teorías mecánicamente.

Las estudian, las confrontan con la realidad y construyen progresivamente una visión propia.

Pero existe una diferencia importante entre desarrollar una posición propia y simplemente ignorar aquello que otros han pensado antes.

Los grandes filósofos que cuestionaron a Sócrates conocían profundamente a Sócrates.

Los que criticaron a Platón habían estudiado a Platón.

Los que debatieron con Aristóteles comprendían a Aristóteles.

Primero viene el conocimiento.

Luego viene la crítica.

Y finalmente aparece la construcción de nuevas ideas.

El falso debate entre teoría y práctica

Quizás uno de los errores más frecuentes en educación consiste en presentar teoría y práctica como si fueran opciones incompatibles.

Como si hubiera que elegir entre una y otra.

Pero el verdadero problema no es la existencia de teorías.

El verdadero problema aparece cuando la teoría se desconecta de la realidad o cuando la práctica renuncia a reflexionar sobre sí misma.

La práctica sin teoría corre el riesgo de convertirse en intuición no examinada.

La teoría sin práctica corre el riesgo de convertirse en abstracción vacía.

Por eso la verdadera discusión no debería ser:

Teoría versus práctica.

Sino:

Teoría consciente versus práctica irreflexiva.

El mejor docente no es el teórico puro.

Tampoco es el práctico puro.

Es aquel que estudia, observa, experimenta, reflexiona y ajusta constantemente sus concepciones a la luz de la experiencia.

Lo que he aprendido después de estudiar a Vygotsky

Durante la serie de artículos que dediqué a Lev Vygotsky comprendí algo que va más allá de cualquier autor en particular.

La educación necesita docentes intelectualmente conscientes de las teorías que orientan su práctica.

No porque deban convertirse en académicos encerrados en bibliotecas.

Sino porque comprender las ideas que sustentan nuestras decisiones nos permite actuar con mayor claridad, mayor coherencia y mayor capacidad crítica.

La práctica profesional auténtica nace del diálogo permanente entre el conocimiento acumulado y la experiencia cotidiana.

Cuando una de las dos desaparece, la otra se empobrece.

Por eso sigo creyendo que Kurt Lewin tenía razón.

No hay nada más práctico que una buena teoría.

Y quizás tampoco exista una mejor teoría que aquella que es capaz de mejorar la práctica.

Porque la educación no se construye únicamente desde los libros.

Pero tampoco se construye únicamente desde las aulas.

Se construye en el diálogo permanente entre ambas.


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